Obamacare

Obamacare – Lecciones que aprender

Dr. Mario L. Meyer – Especialista en Oncología Médica y Bioética

El presidente anterior de los EE.UU. Barack Obama impuso un sistema de seguridad social de salud que denominó Affordable Care Act, más conocido como Obamacare.

El Obamacare fue muy criticado desde sus inicios y aprobado a pesar de las controversias, con un texto de 2700 páginas que ningún legislador admitió haber leído en su totalidad, solo con votos del Partido Demócrata, sin ningún voto Republicano, en una decisión sin precedentes tratándose de un programa que afectaría a toda la sociedad americana.

Este sistema de seguridad de salud impuesto por el gobierno americano transgrede varios principios fundamentales de su propia constitución, como los basados en los derechos y las libertades individuales. Nació con la idea de proveer seguridad médica a la mayoría de los pobladores americanos, pero escondía varios inconvenientes no menores.

En primer lugar, este sistema viola el derecho de los ciudadanos a tomar sus propias decisiones en cuanto a la atención de su salud, es decir, el derecho a actuar como agentes morales responsables. Es el gobierno federal, y no las personas individuales, quien dictamina qué artículos deben incluirse en la cobertura de salud y qué no debe estar incluido, aunque esos artículos estén quebrantando muchos principios morales de instituciones o individuos. La promesa de que cada persona puede elegir el doctor que se encargará de cuidarlo o el tipo de seguro médico que desea que lo cubra resultó ser una gran falacia. Incluso penaliza a las personas que eligen, por cualquier razón, no tener un seguro de salud.

Si comparamos esto con otro derecho humano básico, como es el derecho a un trabajo digno, ¿significa que, para aliviar el desempleo, el gobierno federal tiene el derecho de elegir cómo y dónde debemos trabajar, incluso entre una variedad de opciones? Por supuesto que no. Y tampoco debe el gobierno federal con sus burócratas puede/debe interferir con nuestras opciones personales de atención de la salud.

En segundo lugar, el derecho a la atención sanitaria solo tiene sentido a la luz del principio fundamental de la bioética personalista: el derecho a la vida. Si el paciente no existe, no hay necesidad de atención médica. Sin embargo, el Obamacare exige que las agencias que ofrecen seguros de salud deben incluir contraceptivos y servicios de aborto entre sus ofertas de atención médica. Este es un ataque directo y gravemente inmoral contra la vida de los más vulnerables de cualquier sociedad. Esta provisión es suficiente para barrer cualquier reclamo de justicia social contenida en sus proposiciones, porque no hay tal cosa como cuidar el bien común que incluye amenazas a la vida misma de los miembros de la comunidad (Obama’s Final Word: Catholics Must Buy/Provide Coverage for Abortion Drugs, Terence P. Jeffrey, June 2013).

En tercer lugar, resulta interesante hablar sobre la solidaridad, principio que sostiene que nos cuidemos unos a otros, no dejando que los más débiles y pobres pasen inadvertidos. Pero ¿cuál es el mejor medio de ayudar a los más vulnerables?

En este sentido conviene recordar lo que la Doctrina Social de la Iglesia expresa sobre el término solidaridad, como la necesidad de reconocer los lazos que unen a hombres y grupos sociales entre sí, el espacio dado a la libertad humana para el crecimiento común en el que todos comparten y participan (Compendio DSI 194). Vemos aquí que la esencia de la solidaridad es cuidar el bien del prójimo para que el prójimo pueda ejercer sus actos con libertad. Por lo tanto, el objetivo de la solidaridad en el ámbito de la atención de la salud no es sólo proporcionar servicios a los pobres sino ayudar a los demás de forma a que puedan tomar sus propias decisiones en materia de salud.

El Obamacare confunde las exigencias de la solidaridad con una necesaria intervención del gobierno federal, dejando poco o ningún espacio de libertad a los gobiernos estatales, locales y a las organizaciones privadas, tales como los hospitales de caridad. Hay que recordar que la atención de salud no es un mero servicio como la telefonía o una simple política pública, sino más bien un acto de amor y solidaridad. En consecuencia, las dimensiones humanas y trascendentales de la atención de la salud no están bien provistas por una hinchada burocracia federal cuya preocupación por el bien común tiene una perspectiva predominantemente materialista y de gestión.

El excesivo intervencionismo del sistema de salud ha traído además consecuencias nefastas para la economía familiar al restarle competitividad a la oferta de seguros de salud. Las primas de seguro han aumentado significativamente los últimos años, así como los deducibles, lo que significa para las familias el estar gastando en promedio un 35% de sus ingresos en salud.

Una gran cantidad de aseguradoras que operaban bajo el Obamacare lo han abandonado debido a las pérdidas económicas que representaba el sistema, dejando a los pobladores del 70% de los condados de EE.UU. con solo 1 o 2 aseguradoras para elegir. Todo esto ha significado para el ciudadano americano la imposibilidad de optar por el sistema de salud que más le conviene y los profesionales médicos que le gustaría que le atiendan (Broken Obamacare Promises, Jean Morrow Feb 2017).

Conclusiones

El papel del gobierno en la provisión del derecho básico de la atención sanitaria no debe colisionar con los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Con el excesivo intervencionismo estatal, ineficiente y materialista, se socavan aspectos de la persona humana aún más primordiales que la necesidad de la atención de la salud: el derecho a la vida, el derecho a ejercer la libertad, el derecho a una solidaridad verdaderamente humana, el derecho a la libertad religiosa. Además, trae como resultado un balance muy negativo para la economía de las familias y del estado mismo.

El sistema de seguridad de salud americana será prontamente reformado y reemplazado bajo la nueva administración, a pedido de toda la ciudadanía del norte.

Aprendamos a construir nuestra democracia buscando el bien común de todos los miembros de la sociedad, entendiendo por bien común al conjunto de condiciones que hacen posible a las personas y sus asociaciones el logro más pleno de su propia perfección. Es este el bien común, del cual también forma parte la atención de la salud, que debemos acrecentar y custodiar entre todos, respetando la libertad y dignidad de cada ciudadano.

Comentarios
Top
A %d blogueros les gusta esto: