Cuentos para leer con el corazón

Mundos alternativos, frescos y tiernos

Lourdes Talavera

Dice Javier Viveros que los cuentos contenidos en el libro Cuentos para leer con el corazón de Milia Gayoso–Manzur son breves, frescos y chispeantes. Escribir una obra dirigida a la infancia y adolescencia, lleva a un escritor a instalarse en realidades trascendentes que no son precisas, palpables ni evidentes. De ahí que la incertidumbre y el riesgo, en la obra, hacen que la trama sea más interesante que otras para sus destinatarios.

Ese misterio desprendido de la incertidumbre de la trama arroba al propio escritor frente a su obra y puede llegar con mayor impacto a los niños. En tal sentido, el mundo alternativo de la convivencia cotidiana, el contacto con la naturaleza, el mundo animal y sus pequeños insectos o esos personajes fantásticos pueden poblar con imágenes coloridas la imaginación de los pequeños lectores. En el libro considerado, encontramos la historia El amigo de Tresón” donde la ingenuidad y la ternura disipan cualquier brizna de discriminación o actitud depredadora, o El remero de Ñu Guasú donde un grupo de patos de la laguna ponen a resguardo a don Policarpo, en una muestra única de solidaridad y del cuidado a un amigo.

La literatura infantil es aquella que los niños adoptan, incorporan y reconstruyen libremente. Esto nos lleva a preguntarnos ¿cuáles son las condiciones que favorecen a que cierta literatura sea escogida, aceptada y poseída por los niños? Es indudable que la elegirán cuando refleja sus inquietudes, responde a sus expectativas, y recrea sus vivencias y da vuelo a sus anhelos. De esta manera la incorporan a su mundo si es que a través de ella pueden ver representados sus sentimientos, emociones y experiencias.

El libro de Milia Gayoso-Manzur nos propone 10 cuentos, colmados de poesía y abordados desde la mirada de la niña interior de la autora. Los sentimientos más entrañables cobran vida en esos cortos relatos que harán la delicia de sus pequeños lectores. En una impecable edición, ilustrada con hermosos dibujos, el libro invita a sumergirse en la lectura de unas historias breves plenas de emoción y ternura. En todos los casos y siempre, una obra literaria tiene que dejar una impronta como cualquier otra de arte en general.

La autora recurre a temas con los cuales se identifica el niño. El lenguaje es accesible pero a la vez mágico. Los relatos tienen una fantasía que ilumina, seduce y sorprende. A veces con un humor fino, inteligente, ocurrente. También hallamos aventuras que se acrecientan según el trajinar de los senderos y el heroísmo de algunos personajes que luchan por el sueño de hacer un mundo mejor, donde viven. Así, se impone una esperanza que sostiene y alienta la vida para seguir adelante, como en el caso de Los dibujos de Waldo.

Lograr reunir todo ello en el acto creador de la literatura supone arrojo, entereza y extraordinario valor. Implica también trabajo con el lenguaje a fin de alcanzar sencillez, candor y limpidez, porque para ser auténticos se tiene que hablar desde el niño íntimo y recóndito, pero además en un código natural y de acuerdo a las expectativas, intereses y preferencias del niño concreto, aquel que existe y está ligado fervorosamente a la vida. Se hacen presentes y se muestran tangibles entonces en la propuesta de Milia.

Como pediatra y escritora creo que promover la lectura es una estrategia de desarrollo cognitivo que prepara al niño para el pensamiento crítico, en el futuro. El espíritu de la infancia contribuye a la definición de la esencia del arte. Y así emerge el niño interior del escritor para que el lector, en este caso, sea un niño real y concreto que exista socialmente.

La literatura infantil es un bien social, un tesoro escondido, una pasión que va gestándose, aunque a veces se queda latente, cuando debería estar más que presente, en los hogares y en las escuelas.

Porque educar es socializar e instruirse, crear identidad, construir una historia verdadera, colectiva, con un profundo compromiso de amor entre los seres humanos, como un proceso que se tiene que iniciar en los hogares, continuar en la escuela y la sociedad.


Publicado originalmente en El Correo Semanal de Última Hora, reproducido con autorización de la autora.

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