comida saludable

El cáncer y la modernidad

Dr. Mario L. Meyer F. – Especialista en Oncología Médica y Bioética

El cáncer es una de las principales causas de muerte a nivel mundial. En los últimos años, se estima una incidencia de cerca de 14 millones de casos nuevos y más de 8 millones de muertes anualmente debidas al cáncer.

Se estima que el número de casos nuevos de cáncer aumentará a más de 22 millones/año en las siguientes décadas. Más de 60 % de los nuevos casos de cáncer en el mundo tienen lugar en África, Asia, Sudamérica y Centroamérica; 70 % de las muertes por cáncer en el mundo también ocurren en estas regiones (Informe mundial sobre el cáncer 2014, IARC –  International Agency for Research on Cancer).

Obviamente los índices de curación son mucho más altos en los países desarrollados que en los países en vías de desarrollo, como el nuestro, principalmente debido a que los diagnósticos ocurren en estadios tardíos, aunque también tienen que ver con el acceso a los tratamientos. Los recursos destinados a la salud son exiguos en la mayoría de los países en vías de desarrollo.

¿Cómo explicamos esta epidemia de enfermedades neoplásicas en la región y en el mundo?

Un factor importante representa la disminución en la mortalidad de las enfermedades competidoras como causa de mortalidad, como ser las infecciones y las enfermedades cardíacas. El descubrimiento de numerosos antibióticos, antivirales, medicamentos que controlan los factores de riesgo cardíaco como los antihipertensivos, el perfeccionamiento de las cirugías cardíacas y otras formas de intervencionismo cardiovascular han logrado una mejoría sustancial en el pronóstico de estas patologías.

Así también el aumento en la incidencia de cánceres que observamos es en gran parte debido a nuestra forma de vida actual, la cual ha adquirido los vicios propios de la modernidad y posmodernidad, que presenta como ideales al placer y la comodidad, con hábitos heredados muchas veces de poblaciones “más civilizadas”.

La obesidad, la falta de actividad física, la ingesta reducida de frutas y verduras, el consumo de tabaco y alcohol, la promiscuidad sexual, el uso indiscriminado de hormonas en las mujeres como métodos de contracepción, la exposición a químicos en los alimentos y el agua, la deforestación, la polución ambiental y la búsqueda de energía no renovable como ser a través de plantas nucleares, entre otros muchos factores, contribuyen en mayor o menor medida a la aparición de cánceres en mucho mayor volumen del esperado (GBD 2015 Risk Factors Collaborators. Lancet. 2016 Oct; 388 (10053):1659-1724).

Dos hechos en Paraguay: 1- El cáncer de cuello uterino es endémico, siendo ésta una enfermedad de trasmisión sexual causada por el HPV (Virus del Papiloma Humano), que es claramente prevenible en la gran mayoría de los casos. 2- El aumento de casos de cánceres de mama en mujeres jóvenes expuestas por años a hormonas anticonceptivas y a estimulación hormonal con fines procreativos.

Estos hechos nos sacan a colación primero un déficit en las medidas de prevención, como lo es el Papanicolau ginecológico para la prevención del cáncer de cuello uterino. Pero también nos hablan de una cultura del uso y descarte en lo que se relaciona a la sexualidad, donde se promueve el placer por el placer, sin entender realmente el significado profundo de una relación de amor entre personas, y sin tener una mínima idea de las consecuencias de nuestros actos.

Esto mismo podríamos decir cuando hablamos de nuestra alimentación, rica en azúcar, carnes procesadas, grasas y alcohol, con el consecuente incremento en las tasas de cánceres digestivos y prostáticos, muy comunes en nuestro país. Aquí también podemos citar la falta de medidas preventivas como ser las endoscopias digestivas en la población en general.

Nuestra cultura ha fomentado el gusto por las comidas rápidas y procesadas, altas en azúcar, con el acompañamiento de cantidades excesivas de alcohol y la consiguiente disminución en la ingesta de frutas, verduras y legumbres, cayendo nuevamente en un hedonismo alimenticio propio de un entorno cultural que no entiende las consecuencias de sus actos y no aprecia la belleza del vivir bien, del buen comer en este caso.

Conclusiones

La modernidad ha traído muchos avances tecnológicos, por supuesto también en la medicina oncológica.

Sin embargo, nuestra forma de vida “moderna”, este progresismo hedonista cultural en el que nos hallamos sumergidos, con el consecuente maltrato de nuestro cuerpo mediante la adquisición de profundos vicios en nuestra forma de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos, nos está llevando al aumento de males, también médicamente hablando, de los que aparentemente no somos del todo conscientes.

Debemos retomar como sociedad, como pueblo, ese buen vivir, esa búsqueda última del bien que no viene de copiar ejemplos importados, sino de una profunda reflexión sobre el significado último de nuestras acciones, nuestras tradiciones, y del respeto a la dignidad del otro y de nosotros mismos.

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