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Esquilando las ovejas
Tom Roberts

Corporaciones que desarrollan a la persona

Con motivo del cierre del año lectivo del Colegio Santa Caterina de Siena, la institución recibió la visita del Sr. Eugenio Pagani, Doctor en Filosofía y Letras con énfasis en Educación por la Universidad Sacro Cuore de Milán. QuOI pro conversó con el Dr. Pagani, quien comentó sobre la importancia de recuperar espacios para el crecimiento de las personas en las corporaciones. A continuación el texto de la entrevista.

QP: ¿Qué significa que un colegio debe ser una corporación?

EP: El sábado 10 de mayo de 2014, el Papa Francisco tuvo un encuentro con el mundo de la escuela. Todos los componentes estuvieron representados: estudiantes de todos los niveles, maestros, ejecutivos, padres, personal de oficina, colaboradores escolares. De hecho, como recordó el Papa e hizo repetir en coro a todos los presentes: Educar a un niño involucra a todo un pueblo, un proverbio que proviene de la sabiduría de los pueblos de África.

La escuela es un lugar de reunión, continúa el Papa, es un lugar de reunión en el camino: se conoce a los compañeros, se conoce a los maestros, se conoce al personal auxiliar, los padres se encuentran con los maestros, el director se reúne con las familias, etc. Es un lugar de encuentro, y hoy necesitamos esta cultura de encuentro para conocernos, amarnos, caminar juntos, y esto es fundamental en la era del crecimiento, como complemento de la familia.

Cada escuela funciona realmente bien cuando vive como una comunidad formada por una multitud de figuras capaces de colaborar para contribuir a la misión educativa operando en modo sinérgico. Además, la escuela es parte de un contexto más amplio y está llamada a una interacción constructiva con este, partiendo de la realidad de las familias que le confían sus hijos, pero conservan toda la responsabilidad educativa para ellos.

QP:¿Es posible aplicar a las empresas esta forma de corporación?

EP: Es posible solo si tienes un concepto adecuado de trabajo.

En Laudato si, el Papa Francisco dice:

125. Si intentamos pensar cuáles son las relaciones adecuadas del ser humano con el mundo que lo rodea, emerge la necesidad de una correcta concepción del trabajo porque, si hablamos sobre la relación del ser humano con las cosas, aparece la pregunta por el sentido y la finalidad de la acción humana sobre la realidad. No hablamos sólo del trabajo manual o del trabajo con la tierra, sino de cualquier actividad que implique alguna transformación de lo existente, desde la elaboración de un informe social hasta el diseño de un desarrollo tecnológico. Cualquier forma de trabajo tiene detrás una idea sobre la relación que el ser humano puede o debe establecer con lo otro de sí. La espiritualidad cristiana, junto con la admiración contemplativa de las criaturas que encontramos en san Francisco de Asís, ha desarrollado también una rica y sana comprensión sobre el trabajo, como podemos encontrar, por ejemplo, en la vida del beato Carlos de Foucauld y sus discípulos.

126. Recojamos también algo de la larga tradición del monacato. Al comienzo favorecía en cierto modo la fuga del mundo, intentando escapar de la decadencia urbana. Por eso, los monjes buscaban el desierto, convencidos de que era el lugar adecuado para reconocer la presencia de Dios. Posteriormente, san Benito de Nursia propuso que sus monjes vivieran en comunidad combinando la oración y la lectura con el trabajo manual (ora et labora). Esta introducción del trabajo manual impregnado de sentido espiritual fue revolucionaria. Se aprendió a buscar la maduración y la santificación en la compenetración entre el recogimiento y el trabajo. Esa manera de vivir el trabajo nos vuelve más cuidadosos y respetuosos del ambiente, impregna de sana sobriedad nuestra relación con el mundo.

 

Bernhard Scholz, presidente de la Compañía de las Obras, en la Asamblea de marzo de 2017 dijo:

Son las relaciones, a través de la gran diversidad de formas que pueden asumir, las que nos sostienen y no nos reemplazan en nuestra libertad y nuestra responsabilidad personal. Son las relaciones reales, curiosas e interesantes las que nos hacen salir del riesgo de convertirnos en mónadas cada vez más desesperadas y atemorizadas, redescubriéndonos como sujetos libres capaces de contribuir a una socialidad más creativa y sólida. Así nos será más familiar un hecho tan simple como sorprendente: la calidad de nuestras decisiones depende de la calidad de nuestras relaciones a nivel laboral, social y político. (…)

Cada vez más, nos damos cuenta de la necesidad de superar las actitudes y comportamientos individualistas que han llevado a la desintegración social y a los resultados negativos en las empresas, y el nivel económico en general. Cada vez es más evidente que, cuando se pierde el capital social, el capital económico también disminuye. El término capital social y el término capital humano, a veces malinterpretados, indican que la verdadera riqueza es aquella humana y social, y sin esta riqueza no es posible crear valores económicos duraderos y equitativamente distribuidos. (…) Cuanto más se involucra uno en primera persona en construir esta sociabilidad, más experimenta el enriquecimiento recíproco personal y profesional. No olvidemos que el lugar de trabajo es un lugar privilegiado para el desarrollo verdadero y real, porque permite a los jóvenes en primer lugar, pero también a los adultos, quizás ya cínicos o amargados, hacer una nueva experiencia de sí mismo, para redescubrir lo razonable y lo bello de una vida que sirve. Estoy seguro de que trabajando de esta manera podemos contribuir a una nueva sociedad que fortalece los lazos y también crea las condiciones para una nueva economía, una que no trastorna la ya existente de forma reactiva, creando más malestar que bienestar, sino que busca una transformación en las nuevas formas de producción y comercio, y que hace más presente el vínculo original entre el bien de la persona, el bien del trabajo y el bien común.

 

QP: ¿Qué efectos tiene volver a recuperar la confianza en los lugares de trabajo para el logro de los objetivos propuestos?.

EP: Principalmente tres:

    1. Permite sobre todo una mejor organización, como dice Scholz, nuevamente:

      La organización, cualquiera sea ella, está formada por un grupo de personas que buscan lograr juntos aquellos propósitos que por sí solos no podrían alcanzar. Esta macro definición muestra que una organización se caracteriza ante todo por una subdivisión de deberes y funciones para lograr un propósito. Una segunda característica está dada por la integración de estas funciones: es en la búsqueda de este aspecto que en nuestras obras todavía hay trabajo por hacer. La dinámica continua entre subdivisión, coordinación e integración es natural y es una de las cuestiones críticas que cualquier organización vive en cuanto a su naturaleza.

    2. Permite un crecimiento de la responsabilidad.La función que se desempeña se caracteriza por la responsabilidad. Cada uno es responsable de que el objetivo sea logrado a través de su contribución, de su trabajo. El concepto de responsabilidad es fundamental. Todos contribuyen, incluso aquel que limpia las salas y oficinas es responsable de que el objetivo se pueda alcanzar, y su trabajo tiene exactamente la misma dignidad de todos los otros trabajadores.
    3. Desarrolla la creatividad.La creatividad no es sólo el inventar, sino que pasando por el filtro de la responsabilidad, significa también crear minuto a minuto, a través de las condiciones de trabajo dadas, algo útil para el propósito al que están dedicados.

QP: ¿Cuándo se ha perdido el trabajo cooperativo tanto en la escuela como en las empresas?

EP: Históricamente, el típico sistema corporativo de la Edad Media, que reunió a representantes de gremios de artes y oficios, entró en crisis en la segunda mitad del siglo XVIII con la revolución industrial y el crecimiento demográfico.
El Renacimiento europeo es el epítome de excelencia del individualismo: el hombre no pone su acción al servicio de tal o cual causa considerada como correcta, o de esta o aquella comunidad a la que pertenece natural o voluntariamente, sino que simplemente actúa por sí mismo, pone su propia individualidad como el fin de su acción. En términos modernos, el individuo en contraposición a la persona.

Es precisamente el dilema del individualismo exasperado lo que amenaza los cimientos de nuestra vida civil en la actualidad. Si cada uno pone como fin de su propia acción simplemente a uno mismo, ya no existe una comunidad, sino un conjunto incoherente de individuos. El primer gran desafío, como dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium, es la tristeza individualista. Es el individualismo aquello que caracteriza la cultura, la economía, y las relaciones humanas de nuestro tiempo; es un individualismo empujado al punto de enlutarse a sí mismo, hasta el punto de dejarnos tristes. Y a ésto se suman también todos los fenómenos de fragilidad en las relaciones interpersonales, de la fragilidad de los valores y la precariedad en la experiencia familiar, en el trabajo.

5. ¿Qué factor hace falta para volver a trabajar juntos?

Un conjunto de personas se convierte en un grupo de trabajo si comparten un objetivo, claro y explícito para todos sus miembros, y si tienen la interdependencia, es decir, el conocimiento de que el éxito individual depende del éxito colectivo.

Por tanto, es necesario:

  • Compartir un objetivo común
  • La interdependencia y la colaboración entre miembros
  • Sentido de pertenencia al grupo
  • La definición clara de roles
  • Un liderazgo
  • El apoyo recíproco mediante la escucha y la respuesta constructiva y útil
  • La confianza mutua entre miembros
  • La puesta en común de los conocimientos
  • La asistencia al compañero en caso de necesidad
  • Asumir la iniciativa
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